viernes, 7 de noviembre de 2008
14 AÑOS JUNTAS
La silla en el cuarto.
Con una falta a cuadros bien planchada.
Una camisa blanca. Zapatos lustrados, cafés.
Las calcetas, como olivar esas calcetas blancas (horribles).
Los famosos shorts para no enseñar el calzón.
Todo eso listo para que al levantarnos, a esas horas de la madrugada, estuviera listo.
No tuviéramos que correr. (Siempre corríamos igual).
Sin tiempo para desayunar.
La lonchera!!!!!!!!! (A quién se le podía olvidar, la dejamos más de una vez)
Recordemos: mango con limón y sal. Unas chiquis. Limonada, esos panes, todo tan rico.
Las de la parada.
Corriendo, casi dormidas. Creciendo juntas, viendo a nuestros papás en sus inolvidables "prendas de buena mañana".
Aquellos pilotos que más de alguna vez nos esperaron o nos dejaron.
Y corre y va de nuevo....el uniforme de gimnasia, aquel borrador que olía a chicle.
Ese bolsón que podía ser la casa completa al hombro.
La insoportable, siempre perdida, libreta de deberes.
Como cada año nos tocaba estar en la sección A, B, o la C.
Ver el número de clave, el locker, el escritorio. Todo con olor a nuevo.
Estrenamos el uniforme, la lonchera, el estuche, los cuadernos (y esa manía de forrarlos tan dedicadas)
Y aunque cada año y cada generación compartía algunas cosas similares, algunas cosas eran únicas.
Esas mañanas frías de enero, cada una experimento algo distinto.
"Alli estaban ellas, las de mi promoción".
(Aunque nunca lo pensamos así, siempre sabíamos con quién nos tocaba estar).
Entonces recuerdo que esa sensación era única.
Sin darnos cuenta, crecimos juntas.
Compartimos tanto, que era imposible no reconocernos.
No saber quién es la otra, aunque ahora nos separen tantos años de aquella época.
El tiempo no vuelve y estoy segura que más de una vez nos han dado ganas de ver esa silla en el cuarto con el uniforme completo.
Ponernos a toda prisa la falda a cuadros para ir una vez más en una mañana de enero a ver a las mismas de toda la vida, incluyendo a las de la parada.
Con las mismas que crecimos entre clases, recreos, travesuras, canciones, maestras, marchas, disfraces, castigos y tantas cosas que vivimos.
Fueron 14 años los que nos unen, los que nos hacen querernos y extrañarnos tanto.
Las que nos hacen sentir eso que sólo se siente por las amigas del colegio, las de toda la vida.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Magisterio Primaria 1995 y de corazón con la promoción de Bachilleres 1994.
Quiero agradecer al Colegio Monte María por haberme regalado esos 14 años de alumna, por las amigas de toda la vida,3 años de maestra de primaria y los últimos 14 años de tía Monte María con cinco sobrinas creciendo allí.
Por haber sembrado en mí los ideales de una Guatemala más justa, solidaria y con principios. Me encanta cuando alguien me pregunta de que colegio me gradué y puedo decir con orgullo "Si, me gradué del Monte María". Pero lo que más me gusta es cuando me dicen "Se le nota", eso me hace más feliz todavía. Gracias a tantas mujeres valientes, ex alumnas que han abierto camino, que me enseñan por donde tengo que seguir y especialmente aquellas que siguen puliendo a las nuevas generaciones en el colegio. Y por todas las promociones que faltan.....
jueves, 6 de noviembre de 2008
Discurso Barak Obama
Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.
Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.
Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.
Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.
El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.
Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.
Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.
Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.
Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable
A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.
A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.
Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.
Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares
Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.
Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.
Esta es vuestra victoria.
Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.
Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.
Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.
El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.
Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.
Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.
Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.
Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.
Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.
En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.
Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.
Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.
Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.
Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.
Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.
A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.
Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.
Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.
En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.
Sí podemos
Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.
Sí podemos.
Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".
Sí podemos.
Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.
Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.
Sí podemos.
Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?
Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.
Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.
Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Mi generación (Letras invitadas)
Pertenezco a una generación
adicta a la luz y al gobierno,
que habla de las guerras con la falta de respeto
del que nunca ha estado en una.
Una generación donde nadie se asombra
si alguien pasea por la luna,
y que cree más en la Perestroika
que en la revolución de Cuba.
Soy de una generación
que escandaliza a las anteriores,
cómo lo han hecho siempre
las nuevas generaciones.
Sin embargo,
en esta generación mía
algo está pasando.
Aunque hayan cambiado
las banderas y las razones
nosotros, igual que nuestros mayores,
seguimos luchando.
Nuestra lucha es diferente,
porque vivimos en un mundo distinto,
peleamos por la gente
contra nosotros mismos.
Soy de una generación que lucha
contra la explotación injusta,
aunque piense más en bosques
que en campesinos y trabajadores.
Mi generación pelea por los exiliados
con toda la fiereza,
aunque piense menos en política
y más en ballenas.
Una generación que espera
que la expropiación petrolera
le quite petróleo al mar,
sin que importe tanto
que país lo tenga.
Mi generación quiere un planeta
más verde que rojo,
más agua que Coca Cola,
y más feliz que ninguna otra cosa.
Mi generación pelea contra el humo,
con la desesperación del que se ahoga.
Pertenezco a una generación que lucha
porque las generaciones venideras
puedan pescar en un lago,
marchar de día de campo,
y nadar en una presa.
Y aquí cabe decir,
que no pienso de ninguna manera
que pertenecer a una generación
o a otra,
sea cuestión de edad,
sino de ganas de pelear
bajo un mismo ideal
Yes we can!!!!! (Si podemos)
Este no es un análisis político.
Esta es una reflexión sobre una cobertura histórica, una lección de vida.
El lunes al medio día recibí la invitación para asistir al último mitin del senador Barak Obama en Virginia.
Estaba emocionada por la oportunidad de estar cerca del que decían podía ser el próximo presidente.
La periodista, estaba triste "A la prensa no le interesa que escribas nada porque tienen a las agencias para mandarlo", me dijeron.
Pude haberme quedado.
Seguí la fuerza de mi corazón.
Sabía que iba a escribir, aunque no fuera de forma masiva, para mis amigos.
Nos tomó más de tres horas y media llegar.
Más de 20 mil personas estaban en un campo de feria en Mannassas.
Logre colarme en la tarima, junto a decenas de periodistas del mundo.
Y allí esperamos por más de tres horas. Obama llego pasadas las diez de la noche y la gente se volvió loca.
Pero lo que me llamo la atención fue la alegría de Obama, su capacidad de hablar y conectar a toda la audiencia.
Yes we can!!!!! (Si podemos) gritaban todos cada vez que el se detenía contando sus historias e involucraba a todos.
El lugar se lleno de vitalidad, de emoción...pero sobre todo de sueños.
Muchos compartieron el temor que les provocaba pensar que "cualquier cosa podía pasar en las elecciones".
Las emociones encontradas de todos los votantes se repetían ayer en los centros de votación a los que fui.
Acompañe a los guatemaltecos que a pesar de tener papeles están preocupados por todos aquellos que no los tienen.
Me compartieron como alcanzaron "su propio sueño americano" .
Y los sueños de más oportunidades me contagiaron.
Los sueños de que un hijo de migrante africano llegará a Casa Blanca se apoderaron de todos los rincones.
Y conforme las horas iban pasando las expectativas también hacían más emocionante el momento.
Espere los resultados en el Club de Prensa a pocas cuadras de la Casa Blanca.
A las 11:15 junto a otros compañeros caminamos por Washington rumbo a la estación del tren.
Cuando un grito nos dio la noticia: "Obama win " "Obama win" gritaban.
Muchas personas gritaban y se abrazaban.
Entonces la alegría se apodero de todas las personas.
Otros lloraban de emoción, la misma emoción que sentí en el gran campo de Mannassas cuando todos gritaban "Yes we can".
La elección de un afroamericano que viene de una clase media, que fue criado por sus abuelos y que se atrevió a soñar con alanzar lo que para muchos era "imposible".
Un presidente negro, sin familia con vínculos políticos tradicionales y grupos de poder que por décadas han gobernado este país.
"Es que gano uno de ellos" , decían los radicales que no se sentían parte del triunfo.
"Gano uno de los nuestros" , compartían blancos, afroamericanos, latinos que querían un cambio, más allá del color de la piel de Obama.
"Algún día podía ser presidente un hijo de migrantes de cualquier país de América Latina", comentaban.
La emoción del cambio tiene a todos contentos hoy en todos los ambientes en Washington.
Se habla de oportunidades, sueños y nuevos retos.
Es más, yo la soñadora e idealista..siempre sueño con una Guatemala distinta. Con más oportunidades, menos violencia.
Con una administración al frente del Gobierno DISTINTA, que cambie la raíz de los problemas.
Si, con un presidente para las mayorías de Guatemala. Con un presidente o presidenta indígena.
Pero qué pasará mañana, sabemos que no será fácil. Ni en EEUU, ni en Guatemala.
Por eso empece diciendo que este no era un análisis político, ni partidista.
Si todo hubiera sido fácil, no hubiera habido competencia, una campaña cargada de debates y señalamientos.
El racismo no se va a terminar con un presidente afroamericano, con otro color de piel.
Ni en Guatemala con un presidente indígena.
Pero que bien nos caería hacer las cosas de otra forma, sin ser tan racistas, más respetuosos de otras culturas.
Pero los sueños seguirán moviendo al mundo, porque Obama demostró que cuando alguien se lo propone puede poner al mundo a decir: "Yes we can" (Si podemos).
Obama nos dio una lección del valor de los sueños y las cosas que se pueden alcanzar por ellos.
"Yes we can dream about a new future".
Si podemos soñar con un futuro nuevo.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Silver Spring, Maryland
Gracias a Julio Marenco, periodista salvadoreño de la Prensa Gráfica que me hizo favor de darme jalón y contagiarme de su energía periodística.
Gracias a mi migrante favorito...mi papá. Por haberse atrevido a tomar un barco hacía América, por no haberse quedado en Venezuela, por haberse enamorado de "su gorda" (mi Carmela) que junto a él cumplió su sueño de tener un hogar en Guatemala.
Y para todos aquellos que comparten mi sentir por una Guatemala distinta para todos, no sólo para unos cuantos como ha sido siempre.
Gracias a todos los que me apoyaron para cumplir mis sueños, esta es una invitación a seguir soñando y a creernos que "Yes we can" si trabajamos con todas nuestras fuerzas.
Hace diez años...
Hoy 2 de noviembre 2008.
Aquel fue un 2 de noviembre 1998.
Mi mamá decía que en la radio estaban aconsejando no ir a trabajar.
"Hay un huracán", me dijo.
Pero las ganas de ir a la redacción temprano me aceleraron el paso.
Y fue así como inicie esta aventura, este trabajo, esta vocación.
Nunca me imagine que diez años después iba a estar escribiendo sobre una elección histórica en la que todos dicen que un afro americano llegara a ser el primer presidente de EE.UU
Es que había tanto que aprender, tanto que yo no sabía que iba a vivir.
Aprendí que la vida se nos presenta a cada uno de forma distinta y que cada día es una lección de aprendizaje.
Recorrí Guatemala, todos sus departamentos y aprendí que tiene más de 13 millones de visiones y problemas,
que es única, basta y exagerada.
Teniendo en cuenta que el 10 por ciento de nuestra Guatemala esta en EEUU y que en ese país también hacen a Guatemala.
Que no habrá suficientes horas en la vida para describirla, ni formas de conocerla completa.
Especialmente en muchos estados, donde los guatemaltecos están en silencio, por el miedo, por el pánico de ser devueltos a una realidad que los expuso, que no les dio oportunidad.
Una Guatemala cercana y otra lejos, pero siempre dura, siempre nuestra.
Y entre más la conocemos, menos podemos dejar de trabajar por ella. Menos podemos dejar de hacernos los locos.
Aunque a veces nos creamos "ser de esos locos", que cargamos culpas y buscamos siempre como resolver esos grandes dilemas, esas grandes injusticias.
Me sentí responsable de lo que se ha hecho tan mal y sobre todo, de lo que no se ha podido cumplir.
Aprendí que da lo mismo dormir en una cama de Q30 en Todos Santos Cuchumatán, que un hotel de lujo en Guadalajara después de una cumbre presidencial, cuando estamos tan cansados después de una jornada de trabajo.
Que un tortrix y una "agua" puede ser un banquete en medio de la nada.
Que los mejores aliados no son aquellos que hacen énfasis a su cargo, al título, sino aquellos que nos abren su corazón y de paso nos pasan una buena exclusiva.
En Florida entreviste a una guatemalteca en inglés porque era el único idioma común que teníamos. Yo no hablaba Mam y ella no hablaba español.
Aprendí a escuchar a mi corazón y hasta le hable a Dios para que no se cayera un avión, llegar a tiempo a un evento, o me dieran una entrevista.
Me senté a llorar más de una vez.
Llore de rabia por no creer lo que estaba viendo.
Me quede sin escribir una sola letra cuando el olor a sangre invadió un centro de menores y vi pedazos de personas asesinadas.
Llore de impotencia cuando la mentira disfrazada de cualquier cosa quería cambiar la nota.
Grite, alegue e insulté cuando me sentí traicionada, cuando no me gusto lo que dijeron, cuando trataron de manipularme.
Llore también cuando "no hice lo que tenía que hacer cuando todo el mundo lo hacía" y me costo tanto que me comprendieran.
Llore cuando no estuve cuando tenía que estar, no pude compartir por el cierre, por la nota o por el horario.
Y llore de contenta, de emoción, cuando una pequeña sonrisa me devolvía la esperanza, las ganas de seguir.
Entre a la oficina del director, en más de una ocasión, con carta de renuncia en mano y todas las ganas de salir corriendo.
Me fui seis meses hace cinco años de Prensa Libre con aquella frase "Te vas arrepentir y vas a volver".
Si, volví meses después pero no me arrepentí.
Esos seis meses en la Antigua me ayudaron a ver todo a la distancia, con otros ojos.
Claro que cambie, aprendí a tomar más aire antes de llorar y a saber que a pesar de todos los pesares, amaba mi vocación y por eso volví.
Hubiera sido más fácil que todos los que estaban a mi alrededor también cambiaran, pero no lo hicieron, al final entendí la lección.
La que tenía que cambiar era yo. No había para más. De eso se trataba la lección, que entendiera que yo era la que tenía que madurar.
Entonces volví de nuevo, pero sabiendo lo que se siente no poder escribir, no poder contar, no poder entrevistar.
La aventura, este trabajo, esta vocación entonces se volvieron a repetir.
Desde entonces no he parado.
Me atreví a irme a vivir al Callejón Manchén, a caminar en la zona 1.
A gozarme el Centro Histórico con su mercado, mi café León y mi cuarto-apartamento.
Me encantaría nombrar a todas las personas a las que les debo estas emociones pero sería injusto no mencionar a alguien.
Quisiera contarles más cosas, pero sé que sería repetir las historias porque todos las han vivido junto a mí.
Por eso hoy sólo quiero darles las gracias, infinitas gracias por estos 10 años.
Por estas historias compartidas y por las ganas que tengo de seguir escribiendo más historias.
Sin ustedes, cada uno de ustedes, hoy no podría dar tantas gracias.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Silver Spring, Maryland
2 de noviembre 2008.
No puedo pasar por alto, que hace dos días el alma se me congelo. La noticia de perder a grandes amigos en un accidente aéreo me dejo sin aire y me quito la paz. Desde pequeña mi papá y mi mamá nos enseñaron que la casa era de puertas abiertas. Puertas abiertas para compartir todo lo que había en ella y en especial lo que somos. Fue así como las personas del "pueblo" (Pido, Espinama, Potes, Santander y otros allegados como Asturias) fueron y serán siempre nuestra familia. Algunos de sangre, otros no, pero al final, todos como familia. Me dolió mucho estar lejos y no poder acompañar a todos en estos momentos tan duros. Pero una vez más me siento a recordar sus caras alegres, la forma especial con la que José Luis me llamaban "Isi", de mis días en el Cielito con el Che, la Pili, Juan Ramón y María Rosa. Las discusiones que teníamos con Jilo ,la amistad conBrenda y y ese cariño entero, especial, cargado de tantas pero tantas anécdotas,
fiestas y celebraciones juntos. "Hasta pronto" , quiero gritar con la certeza de que nos vamos a volver a encontrar todos de nuevo, algún día, como crecí viéndolos, con la certeza de tener siempre el mismo cariño.
sábado, 11 de octubre de 2008
jueves, 9 de octubre de 2008
Estación Común
Olor a nuevo
No he tenido tiempo de escribir sobre este "olor a nuevo" que me esta pidiendo a gritos que le ponga atención. No he tenido tiempo de darme el "lujo de contarles como me siento de verdad" y lo necesito. No he parado. Pero hoy me prometí a mi misma obligarme a sentarme, hacer catarsis con ustedes y contarles un poco sobre estas primeras semanas. Creo que al estar acá, lo que aprendo o siento, no tiene ningún valor si me lo quedo para mí. Por eso lo comparto. Todo ha cambiado desde el 10 de julio que por primera vez, desde hace mucho tiempo no quería irme de Guatemala. Por primera vez mi mamá me fue a dejar al aeropuerto, con mis hermanos y sus hijas. Y sí, por primera vez sentí que una parte de mi tenia un imán que me quería retener en el país. Además me sentía "tan culpable" porque era mi sueño y yo me daba el lujo de sentirme triste, de no quererme ir. ¿Que ironía? Verdad. Pero asi es. No puedo decirles que aún no siento esas ganas "horribles de llorar", incluso ahora tengo los ojos llenos de lágrimas por estos sentimientos encontrados. Luego la experiencia en la Universidad de Buffalo. Durante un mes tuve la oportunidad de conocer a personas tan distintas, con costumbres y maneras de pensar totalmente nuevas para mí. Fue el inicio de este año. La única de América Latina. La única que hablaba español. Me costo un par de reuniones no sentir ganas de llorar cuando me toca el turno de presentarme: Fernanda Rodríguez, periodista de Guatemala. (Aquí me dicen Fernanda porque somos dos Luisas en el grupo).Pero me quede con un buen sabor de boca después de haber aprendido a compartir, especialmente con personas musulmanas. Al final hicimos un grupo pequeño los de la foto (Indonesia, Arabia Saudita, Mauritania, Pakistán y Guatemala), nos fuimos a cenar todos juntos y entonces cuando yo quería pedir algo con cerdo, fue que realice que era la única no musulmana y por el bien del grupo me conforme con mi arroz mixto sin cerdo.Recuerdo con admiración las lágrimas de compañera de Pakistán quien dejo a su pequeña de 3 años por primera vez y la alegría con la que mi amiga de Sierra Leona me pidió que le enseñara a comer spaguettis con carne molida. Muchas cosas que para mi son “normales”, muchos las hacían por primera vez. Incluso ir a Macdonalds. También disfrute las risas que me provocaron aquellos compañeros quienes en su vida habían lavado la ropa, limpiado su cuarto o un baño.Después empezar en Maryland la otra etapa de la beca.Uf.. aquí todavía siento todo con olor a nuevo. Me pierdo y como bien escribió Mario Benedetti durante sus años de exilio: “Somos definitivamente unos extraños cuando tenemos tanto miedo al caminar porque no sabemos que hay después de cada esquina. Todo lo descubrimos. Las caras de los vecinos, las calles, incluso los perros.”.Tengo dos semanas de clases, a penas empiezo a reconocer los salones de clase y en las clases no solo soy la única de América Latina , sino la única que no entiende la mitad. Pero espero que con los días me pueda familiarizar con todo, sentirme más a gusto, menos lejos de mi casa.El olor a nuevo ahora me tiene con una sonrisa, con los ojos bien abiertos, con las ansias de aprender, descubrir y si, de hablar sobre mi querida Guatemala. Que aunque lo intento siempre sigo conectada, por los medios todos los días la sigo de cerca, aunque este lejos, y me duele ver lo que pasa. Me duele más por la distancia, por sentir que los que quiero TODOS están en ella, y eso la hace mía, la hace mi querida Guatemala. Muchos me dicen que soy muy nacionalista, pero yo les digo que en estas becas, pocas veces alguien se acuerda de nuestros nombres, pero la mayoría del tiempo recuerdan el nombre de nuestro país. Así que aquí estoy amigos, escribiéndoles desde una oficina que me huele a nuevo, con unos compañeros que a penas conozco, y con un inglés que a la fuerza se me esta metiendo en la cabeza.Los extraño y si, ha sido raro mi silencio, talvez porque no me he dado tiempo de sentarme a escribir por el miedo que la tristeza me nuble la vista y solo les pueda decir una y otra vez: me hacen falta. Mucha falta.Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa11 de septiembre 2008Hace 7 años del caos, y del horror de los estadounidenses quienes desde ese día se preguntan ¿Quién se atrevió a quitarnos la paz? Esa paz que ellos creen tener, que a nosotros se nos ha convertido en un sueño difícil de alcanzar entre balas, muertos, secuestros, desconfianza, retrocesos y si, mucho borrón y cuanta nueva.
sábado, 26 de julio de 2008
La cancion mas hermosa del mundo
por Juaquín Sabina
Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso,
un colegio de pago, un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla,
una bici diabética, un cúmulo, un cirro, una strato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,
mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.
Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera,
una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera,
no sabía que la primavera duraba un segundo,
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera,
a mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante,
a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante,
al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha,
mariposas que cazan en sueños los niños con granos
cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos.
Me libré de los tontos por ciento, del cuento del bisnes,
dando clases en una academia de cantos de cisne,
con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario,
¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?
Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera,
si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron de un clochard moribundo,
olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.
Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar, del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar cuando valga la pena,
de la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos,
de la gota de tinta en el himno de los iracundos.
Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
miércoles, 23 de julio de 2008
Mi primer ensayo...
Este es un primer ensayo de lo que sera mi vida lejos de mi país.
Este es un primer momento, en el que me veo o empiezo a imaginar fuera de Guatemala.
Hasta ahora creí que no estaba pasando nada, pero ahora en menos de un mes ya estaré en esta nueva aventura.
El inglés se esta apoderando de mis sentidos, en medio de un español que no quiere alejarse de mi.
La distancia de este primer ensayo me lleva a la reflexión, a escuchar esa voz dentro de mi. Las calles no serán las mismas, las horas, ni los días.
La distancia y el tiempo, que habían dejado de hablar conmigo, hoy vuelven a mi. Hoy no quieren irse de mi.
Este es un primer ensayo, tengo una agenda cargada de pendientes y un libro en otro idioma, que me da miedo empezar. Hoy siento que tengo suerte, que sueño cada vez mas y que quiero seguir.
Este primer ensayo me esta ubicando en el mapa, una nueva ruta, un nuevo destino, mas fuerzas para seguir.
Volveré cargada de risas, de reflexiones porque la familia siempre dice la verdad aunque uno no quiere escuchar. La familia siempre nos recuerda lo que nos debe importar y de lo que nos hacemos los locos.
Volveré con la maleta pesada llena de regalos para los que me hacen feliz, les pediré que no me olviden, que me quieran, que a pesar de empezar un nuevo camino no se olviden de mi.
Este primer ensayo me esta haciendo "urgar dentro de mi". Me esta pidiendo que agarre aire, que encuentre valor, que este es un ensayo, de lo que sera estar lejos. Lejos de lo que quiero, de lo que me hace feliz.
Tengo miedo. Me aterra verme caminando sola, comiendo sola, viviendo sola. Me aterra las platicas pendientes, esas palabras que no quiero decir.
Ese "no se si volveré" "Hasta dentro de unos meses" "No se olviden de mi".
Estoy en Chicago y tengo miedo, no encuentro consuelo y este es solo un ensayo, de lo mucho que aun me falta por vivir. Este tambien es una llamada de auxilio, socorro, solo me quedan 4 semanas en Guatemala...hagamos tiempo, hablemos, salgamos, comamos antes de que me tenga que ir.
Esta es una forma de decirles a todos, que ya los empiezo a extrañar.
Estoy en Aurora, Chicago 5 de junio 2008. Hoy hable con Rosa Yunes. Fui a la Universidad de la hamburguesa. Hoy hable horas y horas de las decisiones y la vida. Hoy pensé que estoy culminando una etapa de mi vida y soñé con todo mi corazón por las muchas etapas que un me quedan pendientes. Hoy llore como cuando tenia 8 años y de pronto mi abuelo ya no me sonrió. Hoy dije momento, esto es un ensayo de todo lo que me falta por vivir y esta bien que reconozca con los que quiero, la tristeza que me provoca parttir, aunque sea a cumplir mis sueños, aunque sea algo bueno para mi.
miércoles, 26 de marzo de 2008
El extraño, detrás de la ventana
Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando fue alguien más a quien ella abrazo y le tocó el vientre.
Supo hasta ese día, que estaba embarazada.
“Cuánto tiempo había pasado”, se agarró la frente para que todo lo que estaba pensando no le volará la cabeza en mil pedazos.
El dolor, como pequeños rayitos le fue abrazando cada una de las partes de su cuerpo.
No quería creerlo. No había porqué creerlo.
“No puede ser” “No puede ser”, repetía como un eco su cabeza.
Entonces volvió a la última vez que estuvo entre sus brazos.
Ella había sido tan franca, y aunque las manos le temblaban, le había dicho cuánto significaba para él.
Había estado con él, lo había querido.
“Nunca he querido a nadie como a ti”, esa fue la frase que ella le dijo.
“No podía ser” “No podía creerlo”
La vida, que en aquella tarde le pareció una eternidad,
se detuvo para aquel extraño, detrás de la ventana.
No podía gritar, sólo temblaba.
La pareja del otro lado del vidrio se abrazaba, se miraba.
Entonces él pensó que se había equivocado. No era ella.
Sí, eso era.
Como podía ser tan ingenuo, tan imbécil.
Ella no era ella –la que él creía que era-.
Eso no estaba sucediendo.
“Cómo pude confundirla, como si no la conociera tan bien”, se decía para creer que era otra persona, que se había confundido.
Volvió a ver, se pego al vidrio y su aliento le dificultaba ver con claridad.
Pero la escena era exactamente igual que hacía cinco segundos, nada había cambiado en el lugar.
Allí estaban, él le secaba las lágrimas a ella, que sin dejar de abrazarlo le sonreía, se le miraba feliz.
Tomó distancia, camino tres pasos.
Pensó que no era cierto, que estaba soñando.
Pero no era un engaño, creyó que si por la ilusión o el buen sabor de los recuerdos.
Lo que más le dolía, no era ella. Miro detrás del espejo.
El no estaba allí, no era él a quien ella abrazaba entre lágrimas.
-Era un extraño, detrás de una ventana-
“Ojalá me lo hubieran contado”.
“Ojalá no hubiera sido yo el que lo ví”.
Pero era él, nadie más en el lugar.
“Cómo era posible que una escena, tan sólo una escena. Nos desgarre, nos destroce y después como si la vida pudiera seguir, nos atrevamos a caminar”, pensó.
Nadie lo podía escuchar, ella estaba del otro lado del vidrio.
Seguía abrazada a él.
Nunca lo escuchó. Jamás va a saber hay un hombre detrás de la ventana –un extraño- conteniendo las lágrimas y agarrando valor para seguir, sin ella.
Guatemala 3 de febrero del 2007.
Para esos extraños detrás de las ventanas -mujeres o hombres -que han estado conteniendo las lágrimas y tal vez, sin mucho aliento, han tenido que aprender que la vida sigue, que todo, aunque duela, pasa. Despacio, pero pasa.
Para el extraño detrás de la ventana que me pidió que escribiera está historia y la compartiera, para no sentirse que es el único hombre que ha sufrido por una mujer.