miércoles, 22 de agosto de 2007

Para eso estamos los amigos


Cuando la libreta se nos queda llena de preguntas sin respuesta.
Cuando no recibimos ese email que tanto bien nos hubiera hecho.
Cuando esa llamada no llega, porque "ya no hay nada qué decir".
Cuando tenemos tantas ganas de escribir "pero no para mandarlo".
Cuando quisiéramos volver el tiempo atrás y borrar algunos episodios y otros gozarlos más.
Cuando nos pasa esto, pareciera que no queremos nada, pero lo necesitamos todo.
Pareciera que estamos bien, pero "por nada del mundo vamos a demostrar lo contrario".
Cuando nos pasa todo esto lo único que tenemos es la certeza de que "los verdaderos amigos" están allí para hablar sobre:
Que esa libreta en realidad tiene pocas preguntas y todas tienen respuesta.
Que recibimos miles de emails, más importantes que aquellos que nunca llegan.
Que podemos llamar si no nos llaman y podemos hablarlo todo, para estar más tranquilos y dejar de imaginar lo "que no nos dijeron".
Que podemos escribir y compartirlo.
Que no podemos volver el tiempo atrás pero que tendremos más de una oportunidad de "volver a vivir".
Y sobre cualquier cosa, que vivimos, amamos y compartimos aunque ahora creamos que duele mucho.
Peor sería no esperar, no escribir, no recordar, no haber sentido el corazón latir y no saber lo que es vivir.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Guatemala 22 de agosto del 2007
Para mis amigos del alma" porque siempre saben cómo estar".Porque nunca estará de más una buena cena y una buena botella de ron Zacapa para compartir.
Por la Antigua y todo lo que me hace soñar.
Por los que a pesar de "no saber estar", estuvieron en algún momento.

martes, 21 de agosto de 2007

LOS AMOROSOS -Poema de Jaime Sabines-

LOS AMOROSOS
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando la hermosa vida.
Jaime Sabines

viernes, 17 de agosto de 2007

Viernes en la tarde

Son las tres de la tarde en una redacción en caos.
Parece que las ganas de salir corriendo las detiene en la puerta la edición dominical, el títular del lunes, el trabajo de adelanto.
Esa llamada sigue sin llegar y el espacio en blanco agobia y hace que nos resignemos a "mejor estar acá que en el tráfico".
"Mejor estar acá que en cualquier parte", nos mentimos tratando de que la música que nos acomaña nos alegre la tarde.
O por lo menos haga que todo fluya con más normalidad.
Son las tres de la tarde y parece que nada avanza, sólo las ganas de terminar, apagar la computadora y decir "hasta el lunes".
Sigo escribiendo de cualquier cosa, menos de lo que tengo que hacer.
Ricardo Arjona canta: ¿Qué hago con este miedo al futuro? Saco la cuenta y a restar..
Trato de seguir.....

viernes, 3 de agosto de 2007

Cuando el tiempo se detiene

Cuando el tiempo se detiene
El sonido de la llave me despertó de golpe.
Entonces sentí que la sangre se me congelaba y el tiempo se detenía, justo allí.
En aquel lugar.
La lluvia de fondo regalaba otros sonidos y aromas agradables, que no eran nuevos para mí.
Las gotas de agua fría y un corazón a mil, parecían que eran lo único que se movía en aquella habitación. Todo se quedo en silencio.
“Está acá” “Vino a verme”.
Trate de cerrar los ojos, pensando que de esta forma el tiempo seguiría congelado.
Por lo menos en mi mente.
Pero las cosas no se detuvieron, y todo paso muy de prisa.
Entonces abriste la puerta y te sentaste junto a mí.
Me viste dormir. Tan ajena aquella escena, tan lejos de ti.
“¿Sigo durmiendo o le hablo?” “¿Qué hago?”
Trataste de no hacer ruido y te sentí muy cerca, sentado junto a mí.
Ví que te mirabas las manos, como muchas veces lo hiciste cuando no tenías ninguna respuesta ante mi larga lista de reproches.
“¿Me volteo? “¿Le digo la verdad?” “¿Le digo lo que no he podido decirle en tanto tiempo?”.
Entonces fue el timbre el que me sacó de la escena.
“Entonces, no volvió” “Nada se detuvo allí”
Te imagine tan real, que tuve la oportunidad de verte y sentirte tan cerca.
Apague la luz que por el cansancio había dejado prendida.
Aún con sueño, le explique al vecino que no había escuchado nada porque estaba dormida.
No me atreví a reconocer que varias imágenes me tenían en vela, emocionada.
Entonces volví al mismo lugar, con la certeza de que nadie había entrado.
Esta vez estaba segura de estar sola y con ganas conciliar el sueño, para no volver a soñar.
Luisa Fernanda Rodríguez
Guatemala 24 de Julio del 2007
Por las ganas no sólo de imaginar lo imaginable, sino por la emoción de escribir y poder compartirlo.
Para aquellos que como yo alguna vez han confundido la realidad con los sueños, para que sigan soñando.
Por el amor, y su magia, por lo que provoca y por lo que deja.
Especialmente por aquellos que perdimos y que jamás volverán a visitarnos.
Lo harán de otra forma, no como nosotros lo soñamos.