miércoles, 5 de noviembre de 2008

Mi generación (Letras invitadas)

MI GENERACIÓN (Rodrigo Solis)


Pertenezco a una generación
adicta a la luz y al gobierno,
que habla de las guerras con la falta de respeto
del que nunca ha estado en una.
Una generación donde nadie se asombra
si alguien pasea por la luna,
y que cree más en la Perestroika
que en la revolución de Cuba.
Soy de una generación
que escandaliza a las anteriores,
cómo lo han hecho siempre
las nuevas generaciones.

Sin embargo,
en esta generación mía
algo está pasando.
Aunque hayan cambiado
las banderas y las razones
nosotros, igual que nuestros mayores,
seguimos luchando.
Nuestra lucha es diferente,
porque vivimos en un mundo distinto,
peleamos por la gente
contra nosotros mismos.

Soy de una generación que lucha
contra la explotación injusta,
aunque piense más en bosques
que en campesinos y trabajadores.
Mi generación pelea por los exiliados
con toda la fiereza,
aunque piense menos en política
y más en ballenas.

Una generación que espera
que la expropiación petrolera
le quite petróleo al mar,
sin que importe tanto
que país lo tenga.
Mi generación quiere un planeta
más verde que rojo,
más agua que Coca Cola,
y más feliz que ninguna otra cosa.

Mi generación pelea contra el humo,
con la desesperación del que se ahoga.

Pertenezco a una generación que lucha
porque las generaciones venideras
puedan pescar en un lago,
marchar de día de campo,
y nadar en una presa.

Y aquí cabe decir,
que no pienso de ninguna manera
que pertenecer a una generación
o a otra,
sea cuestión de edad,
sino de ganas de pelear
bajo un mismo ideal

Yes we can!!!!! (Si podemos)

Yes we can!!!!! (Si podemos)
Este no es un análisis político.
Esta es una reflexión sobre una cobertura histórica, una lección de vida.
El lunes al medio día recibí la invitación para asistir al último mitin del senador Barak Obama en Virginia.
Estaba emocionada por la oportunidad de estar cerca del que decían podía ser el próximo presidente.
La periodista, estaba triste "A la prensa no le interesa que escribas nada porque tienen a las agencias para mandarlo", me dijeron.
Pude haberme quedado.
Seguí la fuerza de mi corazón.
Sabía que iba a escribir, aunque no fuera de forma masiva, para mis amigos.
Nos tomó más de tres horas y media llegar.
Más de 20 mil personas estaban en un campo de feria en Mannassas.
Logre colarme en la tarima, junto a decenas de periodistas del mundo.
Y allí esperamos por más de tres horas. Obama llego pasadas las diez de la noche y la gente se volvió loca.
Pero lo que me llamo la atención fue la alegría de Obama, su capacidad de hablar y conectar a toda la audiencia.
Yes we can!!!!! (Si podemos) gritaban todos cada vez que el se detenía contando sus historias e involucraba a todos.
El lugar se lleno de vitalidad, de emoción...pero sobre todo de sueños.
Muchos compartieron el temor que les provocaba pensar que "cualquier cosa podía pasar en las elecciones".
Las emociones encontradas de todos los votantes se repetían ayer en los centros de votación a los que fui.
Acompañe a los guatemaltecos que a pesar de tener papeles están preocupados por todos aquellos que no los tienen.
Me compartieron como alcanzaron "su propio sueño americano" .
Y los sueños de más oportunidades me contagiaron.
Los sueños de que un hijo de migrante africano llegará a Casa Blanca se apoderaron de todos los rincones.
Y conforme las horas iban pasando las expectativas también hacían más emocionante el momento.
Espere los resultados en el Club de Prensa a pocas cuadras de la Casa Blanca.
A las 11:15 junto a otros compañeros caminamos por Washington rumbo a la estación del tren.
Cuando un grito nos dio la noticia: "Obama win " "Obama win" gritaban.
Muchas personas gritaban y se abrazaban.
Entonces la alegría se apodero de todas las personas.
Otros lloraban de emoción, la misma emoción que sentí en el gran campo de Mannassas cuando todos gritaban "Yes we can".
La elección de un afroamericano que viene de una clase media, que fue criado por sus abuelos y que se atrevió a soñar con alanzar lo que para muchos era "imposible".
Un presidente negro, sin familia con vínculos políticos tradicionales y grupos de poder que por décadas han gobernado este país.
"Es que gano uno de ellos" , decían los radicales que no se sentían parte del triunfo.
"Gano uno de los nuestros" , compartían blancos, afroamericanos, latinos que querían un cambio, más allá del color de la piel de Obama.
"Algún día podía ser presidente un hijo de migrantes de cualquier país de América Latina", comentaban.
La emoción del cambio tiene a todos contentos hoy en todos los ambientes en Washington.
Se habla de oportunidades, sueños y nuevos retos.
Es más, yo la soñadora e idealista..siempre sueño con una Guatemala distinta. Con más oportunidades, menos violencia.
Con una administración al frente del Gobierno DISTINTA, que cambie la raíz de los problemas.
Si, con un presidente para las mayorías de Guatemala. Con un presidente o presidenta indígena.
Pero qué pasará mañana, sabemos que no será fácil. Ni en EEUU, ni en Guatemala.
Por eso empece diciendo que este no era un análisis político, ni partidista.
Si todo hubiera sido fácil, no hubiera habido competencia, una campaña cargada de debates y señalamientos.
El racismo no se va a terminar con un presidente afroamericano, con otro color de piel.
Ni en Guatemala con un presidente indígena.
Pero que bien nos caería hacer las cosas de otra forma, sin ser tan racistas, más respetuosos de otras culturas.
Pero los sueños seguirán moviendo al mundo, porque Obama demostró que cuando alguien se lo propone puede poner al mundo a decir: "Yes we can" (Si podemos).
Obama nos dio una lección del valor de los sueños y las cosas que se pueden alcanzar por ellos.
"Yes we can dream about a new future".
Si podemos soñar con un futuro nuevo.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Silver Spring, Maryland
Gracias a Julio Marenco, periodista salvadoreño de la Prensa Gráfica que me hizo favor de darme jalón y contagiarme de su energía periodística.
Gracias a mi migrante favorito...mi papá. Por haberse atrevido a tomar un barco hacía América, por no haberse quedado en Venezuela, por haberse enamorado de "su gorda" (mi Carmela) que junto a él cumplió su sueño de tener un hogar en Guatemala.
Y para todos aquellos que comparten mi sentir por una Guatemala distinta para todos, no sólo para unos cuantos como ha sido siempre.
Gracias a todos los que me apoyaron para cumplir mis sueños, esta es una invitación a seguir soñando y a creernos que "Yes we can" si trabajamos con todas nuestras fuerzas.

Hace diez años...

Hace diez años el día empezó más gris que este.
Hoy 2 de noviembre 2008.
Aquel fue un 2 de noviembre 1998.
Mi mamá decía que en la radio estaban aconsejando no ir a trabajar.
"Hay un huracán", me dijo.
Pero las ganas de ir a la redacción temprano me aceleraron el paso.
Y fue así como inicie esta aventura, este trabajo, esta vocación.
Nunca me imagine que diez años después iba a estar escribiendo sobre una elección histórica en la que todos dicen que un afro americano llegara a ser el primer presidente de EE.UU
Es que había tanto que aprender, tanto que yo no sabía que iba a vivir.
Aprendí que la vida se nos presenta a cada uno de forma distinta y que cada día es una lección de aprendizaje.
Recorrí Guatemala, todos sus departamentos y aprendí que tiene más de 13 millones de visiones y problemas,
que es única, basta y exagerada.
Teniendo en cuenta que el 10 por ciento de nuestra Guatemala esta en EEUU y que en ese país también hacen a Guatemala.
Que no habrá suficientes horas en la vida para describirla, ni formas de conocerla completa.
Especialmente en muchos estados, donde los guatemaltecos están en silencio, por el miedo, por el pánico de ser devueltos a una realidad que los expuso, que no les dio oportunidad.
Una Guatemala cercana y otra lejos, pero siempre dura, siempre nuestra.
Y entre más la conocemos, menos podemos dejar de trabajar por ella. Menos podemos dejar de hacernos los locos.
Aunque a veces nos creamos "ser de esos locos", que cargamos culpas y buscamos siempre como resolver esos grandes dilemas, esas grandes injusticias.
Me sentí responsable de lo que se ha hecho tan mal y sobre todo, de lo que no se ha podido cumplir.
Aprendí que da lo mismo dormir en una cama de Q30 en Todos Santos Cuchumatán, que un hotel de lujo en Guadalajara después de una cumbre presidencial, cuando estamos tan cansados después de una jornada de trabajo.
Que un tortrix y una "agua" puede ser un banquete en medio de la nada.
Que los mejores aliados no son aquellos que hacen énfasis a su cargo, al título, sino aquellos que nos abren su corazón y de paso nos pasan una buena exclusiva.
En Florida entreviste a una guatemalteca en inglés porque era el único idioma común que teníamos. Yo no hablaba Mam y ella no hablaba español.
Aprendí a escuchar a mi corazón y hasta le hable a Dios para que no se cayera un avión, llegar a tiempo a un evento, o me dieran una entrevista.
Me senté a llorar más de una vez.
Llore de rabia por no creer lo que estaba viendo.
Me quede sin escribir una sola letra cuando el olor a sangre invadió un centro de menores y vi pedazos de personas asesinadas.
Llore de impotencia cuando la mentira disfrazada de cualquier cosa quería cambiar la nota.
Grite, alegue e insulté cuando me sentí traicionada, cuando no me gusto lo que dijeron, cuando trataron de manipularme.
Llore también cuando "no hice lo que tenía que hacer cuando todo el mundo lo hacía" y me costo tanto que me comprendieran.
Llore cuando no estuve cuando tenía que estar, no pude compartir por el cierre, por la nota o por el horario.
Y llore de contenta, de emoción, cuando una pequeña sonrisa me devolvía la esperanza, las ganas de seguir.
Entre a la oficina del director, en más de una ocasión, con carta de renuncia en mano y todas las ganas de salir corriendo.
Me fui seis meses hace cinco años de Prensa Libre con aquella frase "Te vas arrepentir y vas a volver".
Si, volví meses después pero no me arrepentí.
Esos seis meses en la Antigua me ayudaron a ver todo a la distancia, con otros ojos.
Claro que cambie, aprendí a tomar más aire antes de llorar y a saber que a pesar de todos los pesares, amaba mi vocación y por eso volví.
Hubiera sido más fácil que todos los que estaban a mi alrededor también cambiaran, pero no lo hicieron, al final entendí la lección.
La que tenía que cambiar era yo. No había para más. De eso se trataba la lección, que entendiera que yo era la que tenía que madurar.
Entonces volví de nuevo, pero sabiendo lo que se siente no poder escribir, no poder contar, no poder entrevistar.
La aventura, este trabajo, esta vocación entonces se volvieron a repetir.
Desde entonces no he parado.
Me atreví a irme a vivir al Callejón Manchén, a caminar en la zona 1.
A gozarme el Centro Histórico con su mercado, mi café León y mi cuarto-apartamento.
Me encantaría nombrar a todas las personas a las que les debo estas emociones pero sería injusto no mencionar a alguien.
Quisiera contarles más cosas, pero sé que sería repetir las historias porque todos las han vivido junto a mí.
Por eso hoy sólo quiero darles las gracias, infinitas gracias por estos 10 años.
Por estas historias compartidas y por las ganas que tengo de seguir escribiendo más historias.
Sin ustedes, cada uno de ustedes, hoy no podría dar tantas gracias.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Silver Spring, Maryland
2 de noviembre 2008.
No puedo pasar por alto, que hace dos días el alma se me congelo. La noticia de perder a grandes amigos en un accidente aéreo me dejo sin aire y me quito la paz. Desde pequeña mi papá y mi mamá nos enseñaron que la casa era de puertas abiertas. Puertas abiertas para compartir todo lo que había en ella y en especial lo que somos. Fue así como las personas del "pueblo" (Pido, Espinama, Potes, Santander y otros allegados como Asturias) fueron y serán siempre nuestra familia. Algunos de sangre, otros no, pero al final, todos como familia. Me dolió mucho estar lejos y no poder acompañar a todos en estos momentos tan duros. Pero una vez más me siento a recordar sus caras alegres, la forma especial con la que José Luis me llamaban "Isi", de mis días en el Cielito con el Che, la Pili, Juan Ramón y María Rosa. Las discusiones que teníamos con Jilo ,la amistad conBrenda y y ese cariño entero, especial, cargado de tantas pero tantas anécdotas,
fiestas y celebraciones juntos. "Hasta pronto" , quiero gritar con la certeza de que nos vamos a volver a encontrar todos de nuevo, algún día, como crecí viéndolos, con la certeza de tener siempre el mismo cariño.