viernes, 23 de noviembre de 2007

Celebramos la vida

Es viernes en la noche y estoy en la redacción. Estoy acumulando fuerzas para terminar los 12 días sin parar que llevo de trabajo. Y pienso en la lista de cosas por las que tengo que dar gracias, especialmente por tener trabajo y la oportunidad de escribir. Estoy cansada por la jornada, pero estoy feliz de poder celebrar la vida. Desde el viaje a Cancún con mi familia, después las elecciones y ahora en plena transición no he tenido la oportunidad de dar un respiro, de escribir y de agradecer por esa bendición que es la vida.
Extraño tener más tiempo libre, este año electoral fue agotador..pero yo sabía que al final ibamos a tener nuevo presidente y bueno..parece que el trabajo se puso peor.
El otro día una funcionaria me regaño porque me dijo que mis escritos eran muy pesimistas y desde ese día he prestado más atención a mis sentimientos.
En medio de todo, pense que a veces se nos olvida celebrar la vida, la amistad, la familia, el trabajo y hasta este cansancio que agota.
Pero celebramos la vida, demos gracias, gracias infinitas gracias por estar vivos.

jueves, 4 de octubre de 2007

Sin palabras


Iba yo manejando un sábado por la noche a mi apartamento y en el carro iban Mariana y Sofía. Ambas estaban asustadas porque casi no se miraba, al igual que yo se sentían intimidadas por la lluvia. Mariana entonces me dijo: "Como me gustaría ser Dios para poder controlar la lluvia".
Su expresión, muy normal para una niña de apenas 5 años, me hizo reflexionar mucho porque hace tiempo que la posibilidad de que Dios controle todo me provoca tantos cuestionamientos.
La posibilidad de su supremacía y capacidad para controlar mi mundo, me ha dejado más de una vez en vela.
Y estas semanas no han sido la excepción.
Trato de reconstruir todo lo que ha pasado, trato de encontrar todas las respuestas a tantas preguntas, incluyendo la misma existencia de Dios.
Quiero imaginarme ese cielo, ese paraíso, quiero creer que voy a llegar algún día al más allá.
Trato de que la hoja en blanco que casi siempre es insuficiente para mis catarsis me permita escribir para responder todas esas preguntas.
Pero todo ha sido en vano. No tengo palabras.
Siempre al escribir, de una u otra forma, podía encontrar el camino de vuelta, la esperanza, las respuestas, la ilusión, las ganas de seguir. Cuando pasaron los días y no pude escribir nada me preocupe.
Ahora es distinto. No sólo me gustaría ser Dios, como sugirió Mariana.
Me hubiera gustado controlar la vida, detener la gravedad de una enfermedad, evitar la muerte.
Detener el tiempo y tener todas las palabras del mundo, especialmente aquellas que hicieron falta, las que nunca pude decir.
Esas que se me quedaron en la garganta y las lágrimas las callaron.
Esas que ahora no tengo, no puedo tenerlas cuando de pronto el cielo se me torno gris y una de las personas que más quiero en el mundo sufre como esta sufriendo.
No puedo consolarlo, no hay palabra que valga.
No hay palabra que disminuya la pena y le devuelva lo único que el quiere en este momento.
No hay palabra capaz de describir el dolor. Ese dolor oscuro, como un golpe seco en el fondo del alma, que no puede describirse. Que sólo aquellos que hemos perdido a un ser querido podemos compartir.
Ese llanto que se ahoga, como si al llorar se pudiera cambiar algo.
Esas ganas de más, esa ilusión de creer que todo fue una pesadilla, una horrible pesadilla, de esas que a veces nos suelen espantar. Que nos despiertan a media noche y nos quitan el sueño.
Pero los días pasan, y las cosas lejos de aclararse, se tornan más duras, más complicadas.
La lista de preguntas se incrementa y la certeza de que ese cielo exista quisiéramos que fuera más certero, que se diera muy pronto. Nos queremos despedir de la vida porque creemos que no vale la pena seguir.
Y ante este dolor vino a mi mente esa niña que un día fui, que a los ocho años sintió ese mismo dolor cuando la persona, que en aquel momento ella más quería se le fue para siempre.
A pesar de que estuvo en mi vida esos únicos ocho años, hoy con casi 31 sigo soñando que algún día volvamos a caminar juntos, con agarrarle su mano manchada, que me invite a unos helados de la tiende de la esquina, que me cocine una sopa de ajo, con darle un beso, con prenderme a su cuello y sentir su olor, sus besos, y volver a ver esos ojos grises, que me hicieron sentir la niña más querida del mundo.
Aunque sea una vez, una última vez.
Nunca entendí porque me dejo cuando a penas empezaba a vivir. Nunca entendí porque mi vida se divide en “antes del abuelo y después de la muerte del abuelo”.
Nunca lo olvide y a pesar de que crecí, ese dolor que sentí me marco para siempre.
Por eso hoy sé que no puedo tener las palabras.
Hoy se que no hay excusa que valga, ni consuelo que nos calme.
Sólo el tiempo nos ayuda a seguir, pero es mentira que los buenos recuerdos nos dejan.
Por eso hoy pienso que cuando alguien nos deja para siempre una parte de nosotros se va con ellos, se nos desprende, se la llevan con ellos sin que nos demos cuenta.
Todo se vuelve gris y sentimos rabia bajo esa lluvia que nos intimida porque nunca la podemos controlar, como la vida, como la muerte, como el amor. Nos deja sin palabras, muertos por dentro aunque muy vivos para darnos cuenta que no pudimos acompañarlos en ese viaje tan desconocido. Que nos quedamos temblando de frío llorando por un último abrazo, por no tener las palabras para despedirlos.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Guatemala 4 de octubre
Para doña Elsa, porque su despedida estuvo llena de tantas palabras para reconocer a una gran mamá, abuela, tía, compañera, hermana y amiga. Una vida ejemplar que es digna de imitar, de aplaudir y de repetir.
Para Antonio, porque por primera vez no tengo las palabras. Esas que tanto hemos podido compartir y que nos han acompañado en tantos momentos, durante estos últimos nueve años que hemos compartido.
Para aquellos que saben el dolor que provoca ese último adiós y a pesar de que uno se queda sin palabras; buscaron palabras de aliento. Por su amistad muchas gracias, por sus muestras de cariño y sobre todo porque sin palabras supieron acompañarnos.
Y para aquellos que no dijeron nada, porque comprendemos que en estos momentos uno se puede quedar sin palabras.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Para eso estamos los amigos


Cuando la libreta se nos queda llena de preguntas sin respuesta.
Cuando no recibimos ese email que tanto bien nos hubiera hecho.
Cuando esa llamada no llega, porque "ya no hay nada qué decir".
Cuando tenemos tantas ganas de escribir "pero no para mandarlo".
Cuando quisiéramos volver el tiempo atrás y borrar algunos episodios y otros gozarlos más.
Cuando nos pasa esto, pareciera que no queremos nada, pero lo necesitamos todo.
Pareciera que estamos bien, pero "por nada del mundo vamos a demostrar lo contrario".
Cuando nos pasa todo esto lo único que tenemos es la certeza de que "los verdaderos amigos" están allí para hablar sobre:
Que esa libreta en realidad tiene pocas preguntas y todas tienen respuesta.
Que recibimos miles de emails, más importantes que aquellos que nunca llegan.
Que podemos llamar si no nos llaman y podemos hablarlo todo, para estar más tranquilos y dejar de imaginar lo "que no nos dijeron".
Que podemos escribir y compartirlo.
Que no podemos volver el tiempo atrás pero que tendremos más de una oportunidad de "volver a vivir".
Y sobre cualquier cosa, que vivimos, amamos y compartimos aunque ahora creamos que duele mucho.
Peor sería no esperar, no escribir, no recordar, no haber sentido el corazón latir y no saber lo que es vivir.
Luisa Fernanda Rodríguez Quiroa
Guatemala 22 de agosto del 2007
Para mis amigos del alma" porque siempre saben cómo estar".Porque nunca estará de más una buena cena y una buena botella de ron Zacapa para compartir.
Por la Antigua y todo lo que me hace soñar.
Por los que a pesar de "no saber estar", estuvieron en algún momento.

martes, 21 de agosto de 2007

LOS AMOROSOS -Poema de Jaime Sabines-

LOS AMOROSOS
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando la hermosa vida.
Jaime Sabines

viernes, 17 de agosto de 2007

Viernes en la tarde

Son las tres de la tarde en una redacción en caos.
Parece que las ganas de salir corriendo las detiene en la puerta la edición dominical, el títular del lunes, el trabajo de adelanto.
Esa llamada sigue sin llegar y el espacio en blanco agobia y hace que nos resignemos a "mejor estar acá que en el tráfico".
"Mejor estar acá que en cualquier parte", nos mentimos tratando de que la música que nos acomaña nos alegre la tarde.
O por lo menos haga que todo fluya con más normalidad.
Son las tres de la tarde y parece que nada avanza, sólo las ganas de terminar, apagar la computadora y decir "hasta el lunes".
Sigo escribiendo de cualquier cosa, menos de lo que tengo que hacer.
Ricardo Arjona canta: ¿Qué hago con este miedo al futuro? Saco la cuenta y a restar..
Trato de seguir.....

viernes, 3 de agosto de 2007

Cuando el tiempo se detiene

Cuando el tiempo se detiene
El sonido de la llave me despertó de golpe.
Entonces sentí que la sangre se me congelaba y el tiempo se detenía, justo allí.
En aquel lugar.
La lluvia de fondo regalaba otros sonidos y aromas agradables, que no eran nuevos para mí.
Las gotas de agua fría y un corazón a mil, parecían que eran lo único que se movía en aquella habitación. Todo se quedo en silencio.
“Está acá” “Vino a verme”.
Trate de cerrar los ojos, pensando que de esta forma el tiempo seguiría congelado.
Por lo menos en mi mente.
Pero las cosas no se detuvieron, y todo paso muy de prisa.
Entonces abriste la puerta y te sentaste junto a mí.
Me viste dormir. Tan ajena aquella escena, tan lejos de ti.
“¿Sigo durmiendo o le hablo?” “¿Qué hago?”
Trataste de no hacer ruido y te sentí muy cerca, sentado junto a mí.
Ví que te mirabas las manos, como muchas veces lo hiciste cuando no tenías ninguna respuesta ante mi larga lista de reproches.
“¿Me volteo? “¿Le digo la verdad?” “¿Le digo lo que no he podido decirle en tanto tiempo?”.
Entonces fue el timbre el que me sacó de la escena.
“Entonces, no volvió” “Nada se detuvo allí”
Te imagine tan real, que tuve la oportunidad de verte y sentirte tan cerca.
Apague la luz que por el cansancio había dejado prendida.
Aún con sueño, le explique al vecino que no había escuchado nada porque estaba dormida.
No me atreví a reconocer que varias imágenes me tenían en vela, emocionada.
Entonces volví al mismo lugar, con la certeza de que nadie había entrado.
Esta vez estaba segura de estar sola y con ganas conciliar el sueño, para no volver a soñar.
Luisa Fernanda Rodríguez
Guatemala 24 de Julio del 2007
Por las ganas no sólo de imaginar lo imaginable, sino por la emoción de escribir y poder compartirlo.
Para aquellos que como yo alguna vez han confundido la realidad con los sueños, para que sigan soñando.
Por el amor, y su magia, por lo que provoca y por lo que deja.
Especialmente por aquellos que perdimos y que jamás volverán a visitarnos.
Lo harán de otra forma, no como nosotros lo soñamos.